Pienso, luego existo

viernes, 13 de enero de 2017

"Un día de cólera", de Arturo Pérez-Reverte

Sinopsis:

“El esperado regreso de Arturo Pérez-Reverte a la novela histórica. Según palabras del propio autor “…Este relato no es ficción ni libro de historia. Tampoco tiene un protagonista concreto, pues fueron innumerables los hombres y mujeres envueltos en los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid. Héroes y cobardes, víctimas y verdugos, la Historia retuvo los nombres de buena parte de ellos: las relaciones de muertos y heridos, los informes militares, las memorias escritas por actos principales o secundarios de la tragedia, aportan datos rigurosos para el historiador y ponen límites a la imaginación del novelista. Cuantas personas y lugares aparecen aquí son auténticos, así como los sucesos narrados y muchas de las palabras que pronuncian”. En Un día de cólera, Arturo Pérez-Reverte convierte en historia colectiva las pequeñas y oscuras historias particulares, registradas en archivos y libros. Lo imaginado, por tanto, se reduce a la argamasa narrativa
que une las piezas.

Estas páginas pretender devolver la vida a quienes durante doscientos años, sólo han sido personajes anónimos en grabados y lienzos contemporáneos, o escueta relación de nombres en los documentos oficiales”.




Mi opinión:

Tras leer la sinopsis poco más se puede decir. Únicamente haré hincapié en la particular manera de contarnos la historia, la cual impresiona al lector, a mi modo de ver (conmigo lo consiguió).

El narrador es omnisciente y narra en tercera persona, usando –y aquí está el quic de la cuestión- el tiempo presente en toda la novela. Este tiempo en presente (y no en pasado) nos hace vivir aquella jornada del lunes dos de mayo de 1808 en tiempo real, como si lo estuviéramos viendo desde un balcón de alguna calle madrileña de aquel tiempo, sumergiéndonos en la trama como si fuéramos personajes invisibles que pudiéramos tocar los uniformes de los invasores y sentir el aliento agotado de los que se revelaron contra ellos.

Las historias que se entremezclan –siempre en tiempo real, como digo- confluyen todas en un mismo y último punto.

Esta manera narrativa nos hace –mientras vamos leyendo- seguir a cada uno de los personajes por las callejuelas de aquel Madrid invadido, sintiendo sus anhelos y sus frustraciones.

Además, el autor, con este modo narrativo en tiempo presente, consigue, por un lado, que las descripciones de los lugares por donde acontecieron los hechos sean tremendamente efectivas, ofreciendo a nuestros ojos la más clara idea de cómo debió ser aquel Madrid de principios del siglo XIX; y, por otro, que el lector esté siempre pendiente de cada una de las historias que acontecen, de sus personajes, aunque la acción se desplace de una parte a otra de Madrid.

Para finalizar, he de reconocer que, durante la lectura de esta novela, tuve asaltos de orgullo patriótico y de rabia contenida, los cuales se sucedían alternativamente conforme transcurrían las páginas.




No hay comentarios:

Publicar un comentario